sábado, 15 de marzo de 2014

Modelos primaverales

Hoy se ha instalado la primavera en mi corazón
Corazones diminutos pululan en mi alma
Motitas de aire fresco se han colado y  me renuevan por dentro y por fuera.





sábado, 1 de marzo de 2014

Cumplimos dos años

El 29 de febrero de 2012 di los primeros pasos en este blog.
Tengo algunos proyectos en mente para hacer.
Me pondré pronto manos a la obra.
Solo necesito un durito de sol y seguir contando con vuestro apoyo.
Mientras tanto, os dejo mi último trabajo.
Es un regalo para mi amiga embarazada.

domingo, 9 de febrero de 2014

Retomamos la costumbre

Sigue el invierno instalado en mi corazón.
El sol no aparece en mi ventana.
No calienta mi alma desganada.
Ahora sí, se ha dejado ver por un instante.
Negros nubarrones acechan de nuevo.
Necesito el calor reconfortante del astro rey.
A pesar de todo:
Retomamos la costumbre de coser palabras.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Y llegó el otoño

Hoy, definitivamente, se ha instalado el otoño.
El fin de semana ha estado pasado por agua y ya iba siendo hora de poner al día el blog.
Os dejo los últimos trabajos del sábado y domingo.
Es un encargo que me ha hecho una amiga, quiere hacer un regalo y enmarcar un babero poniendo el nombre del bebé y una flor de loto.
He pedido ayuda a Yolanda Falagán para que finalice el trabajo.




domingo, 21 de julio de 2013

Una nueva forma de animar a la lectura desde la cuna

Estos baberos los he confeccionado para bebés lectores que van a las Bibliotecas y/o acompañan a sus hermanos, hermanas, padres,  madres,...


domingo, 14 de julio de 2013

Pañuelo boda

Pañuelo de vainica en hilo de oro.
El apresto y la plancha no es mi fuerte y se me ha deformado un poquito el cuadrado.
No he puesto el nombre de la pareja, así si lo quieren usar para otro cometido puede servir.
Está hecho con cariño, para que la madrina haga con él, lo que crea conveniente.

He aquí la labor:

domingo, 7 de julio de 2013

Clases de francés en el Prado


Era junio y aún no había llegado el calor que inundaba el aire de olor a hierbabuena, manzanilla y orégano.
El prado estaba lleno de ovejas, yeguas y algún burro.
Cada día pastaban una clase de hervíboros.
Los pastores del lugar, hablaban del tiempo, del nacimiento de algún lechoncillo, de la muerte de alguna oveja parturienta.
Desde el Prado Boyal se divisaban los patos y otras ánades que habitaban en la Laguna.
En un rinconcito, ajena a todo lo que le rodeaba, estaba la pequeña, empeñada en aprender a leer "le petit prince" un libro que le había traído su primo en el último verano que visitó el pueblo. Se había ido a trabajar a Francia y no le iba nada mal en su trabajo de matricero ajustador, era muy constante y avispado y eso le sirvió para, unos años más tarde, montar su propio taller, aprovechando el boom de la industria automovilística.
Nuevamente se presentaba la ocasión, la niña iba a estudiar a la capital: podría aprender francés y cumplir su anhelo.
Mala suerte, en el instituto que había elegido su madre impartían idioma inglés, es mejor tenerlo como idioma extrajero, creían.
El libro quedó guardado y la ilusión aparcada durante más de cuarenta años.
Pero al fín cambió su suerte, iba a tener la oportunidad perseguida durante tantos años atrás, no podía dejarla escapar.
Clases de francés para padres y madres, en el pueblo que la vió nacer, organizadas por la Asociación de padres del Colegio Lycée Français.
Poco a poco y con la ayuda de la profesora y las compañeras que asisten a las clases, está más cerca de cumplir su sueño infantil.
Su ilusión ha rebrotado y aunque le falta tiempo y le fallan las fuerzas, está segura de que algún día lo conseguirá.
Va a hacer correr la voz por todo el pueblo, pregonando las bondades de aprender en este tiempo y lugar.
Es una oportunidad única, piensa, y no hay que desaprovecharla. 
Tener un Liceo justo en el paraje en que antaño festejaban las personas del contorno la fiesta de "La Vieja". En mitad de la "Cuaresma", familias enteras, enganchaban las caballerías a los carros, compartían la tortilla y la ensalada de escabechados que antes habían comprado en el Campillo y pasaban el día integrándose con los vecinos.
Por qué no, volver a ese lugar y en este tiempo y seguir entretejiendo relaciones, como en los tiempos pasados.